El Poder de la Propaganda

En la Guerra del Golfo Pérsico de 1991, la propaganda estadounidense provocó la deserción y el amotinamiento de más de 150,000 soldados iraquíes. En las acciones encubiertas para derrocar o imponer un gobierno, como en Guatemala, Chile, Irán o Venezuela, la propaganda fue instrumento de la guerra política que manipula las contradicciones internas de un país. En México, durante la campaña presidencial de 2000, sólo las dos principales televisoras pasaron más de 26,000 veces los spots propagandísticos de los partidos. Durante la elección presidencial de 2006, el presidente Fox ha usado más de 9,000 minutos en la televisiòn y 42,000 en la radio para propagar sus programas sociales e influir indirectamente en las preferencias electorales.

Así, la propaganda es un arma que se esgrime en cualquier lucha por el poder: en las guerras para vencer la resistencia del enemigo y en la política para crear o minar la legitimidad de los gobernantes, o dirimir quién asumirá el poder, como en las elecciones.

La Iglesia Católica acuñó el término propaganda cuando en 1622, el Papa Gregorio XV fundó la Congregatio de Propaganda Fide para defender la “verdadera fe”; contra el protestantismo y para propagarla en el mundo no católico. Se creó así un poderoso instrumento de penetración ideológica que realizó una gigantesca labor de adoctrinamiento; pero por eso mismo, la palabra propaganda adquirió una asociación negativa por sus publicaciones sesgadas y su relación con la censura y la Inquisición.

Con el desarrollo de los periódicos, el término propaganda pasó de la religión a la política para significar una forma de ejercer influencia sobre pensamientos, emociones o comportamientos de las personas para que actúen de determinada manera, adopten ciertas ideologías o valores, y cambien, mantengan o refuercen sus opiniones sobre cuestiones específicas y controvertibles.

Hoy en las campañas, la propaganda es el medio de hacer llegar al electorado el mensaje de un candidato en la forma más persuasiva posible, así como evitar que sean los opositores quienes construyan negativamente su imagen. Sólo se trata de provocar su voto, no de convertir a los electores a una ideología, ni de incorporarlos a un partido, aunque en la siguiente elección quizás voten por su opositor.

El legado de la propaganda nazi

Con el surgimiento de la radio y el cine en las primeras décadas del siglo XX, la propaganda se manifestó tan espectacularmente en la Alemania Nazi, que superó la propaganda realizada en Estados Unidos e Inglaterra durante la Primera Guerra Mundial para movilizar a sus pueblos hacia la victoria. Para Hitler toda propaganda debía apelar a los sentimientos mediante slogans simples entendibles por el más estúpido, pues la gente entiende poco y olvida mucho, por eso sus mensajes eran pocos pero repetidos eternamente. Los nazis no sólo legaron al mundo inventos como el Volkswagen o el jet, sino desarrollaron, perfeccionaron y pusieron en práctica técnicas que hoy son de uso común en las campañas. Entre ellas se puedan citar las siguientes:

Transfusión. Los argumentos se seleccionan de acuerdo con los prejuicios, estereotipos y mitos prevalecientes en la cultura e imaginario populares, para que al mezclarse con ellos, sean fácilmente aceptados por la población. Así, el antisemitismo preexistente en el pueblo alemán, facilitó el éxito de la propaganda nazi.

Sencillez y repetición. La propaganda se limita a un número limitado de ideas que son repetidas constantemente desde diversas perspectivas por diferentes medios, pero que giran sobre el mismo concepto. De ahí la frase de Hitler: “Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida”, así como la de Goebbels: “Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad”.

Etiquetas. Tratan de vincular a una persona o a una idea con un símbolo negativo para provocar su rechazo con base en ese símbolo y no de acuerdo con la evidencia disponible. Así se diferencia el bien del mal, el héroe del villano, de modo sencillo a nivel de las masas desinformadas, despolitizadas y desinteresadas en la política. Además, se facilita su comprensión y recordación por medio de repetirlas constantemente hasta que se conviertan en verdades para la masa.

Mediante las etiquetas, como decía un asesor de Nixon, las campañas consisten en blanquearse uno mismo y tiznar al otro. En México, durante las elecciones del 2000, el candidato presidencial priísta fue muy eficazmente etiquetado como mandilón, mariquita, etc. Durante la campaña de 2006, se ha tratado de etiquetar de “populista” a Andrés Manuel López Obrador. Después del debate entre los candidatos, los opositores al PAN, han tratado de etiquetar como el “cuñado incómodo” al pariente político de su candidato.

Testimonios. Pretenden aumentar la credibilidad del mensaje mediante una fuente autorizada para el público al que se dirige. Así, se presenta a individuos (artistas de cine, deportistas famosos, etc.) que no son los más calificados para hacer juicios acerca de partidos o candidatos, a fin de que la admiración a estas celebridades motive la aceptación de sus opiniones políticas. Durante la campaña presidencial de 2000, Juan Gabriel apoyó al candidato del PRI y Kate del Castillo al del PAN, En la de 2006, escritores como Elena Poniatowska, Fernando del Paso, Sergio Pitol y Carlos Monsiváis, cineastas como Luis Mandoki, actores como Daniel Jiménez Cacho y artistas como José Luis Cuevas, avalaron públicamente a López Obrador; en tanto que “Chespirito” (el Chavo del Ocho) grabó propaganda a favor del PAN.

Generalidades brillantes. Mediante palabras que nombran valores muy apreciados, pero que cada quien puede darles su propio significado, se estimula su aceptación, porque las personas tienden a creer que el propagandista les otorga el mismo sentido que ellas. En la campaña de 2000, la palabra “cambio” fue ampliamente usada, pero para algunos significaba el cambio hacia la izquierda y para otros hacia la derecha. Además, se le añadió otra generalidad brillante: “que a ti te conviene”, de modo que un inversionista podía pensar en más oportunidades para el capital y un obrero en mejores empleos. Lo importante era que ambos votaran por la alianza PAN-PVEM. Durante la campaña presidencial de 2006, los lemas de los candidatos de la “Coalición por el bien de todos” y del PAN, “Para que vivamos mejor”, comparten la misma generalidad.

Transferencia. La autoridad y el prestigio de algo respetado y reverenciado se trasladan, sin que exista conexión, a una persona o idea para provocar que se acepte con base a esa relación. Los símbolos patrios y religiosos, por ejemplo, se usan para despertar el sentimiento de que esa persona o idea está con la Patria o Dios. Por eso se ha acusado al PRI de usar los colores nacionales en su logotipo y en la campaña de 2000, Fox fue criticado por agitar en un mitin la imagen de la Virgen de Guadalupe. En las elecciones norteamericanas de 2004, el “patriotismo” y la “religiosidad” de Bush fueron ingredientes importantes de su propaganda. En la campaña presidencial de 2006, se trató de vincularnegativamente a uno de los candidatos con el presidente venezolano Hugo Chávez para provocar el rechazo de los sectores empresariales.

Gente sencilla. Los candidatos se presentan como si fueran un ciudadano más para sugerir que ellos y sus ideas son del “pueblo” y están a favor de la gente común. Así se mostraron los candidatos Carter y Clinton. También hay candidatos “rancheros”, en realidad millonarios con licenciaturas y hasta postgrados, que visten y hablan como la gente sencilla del campo, con refranes y dichos populares. En las elecciones presidenciales de 2006 todos los candidatos han hecho uso del lenguaje coloquial, de dichos, refranes y hasta letras de canciones populares para mostrarse lo más cercanos al “pueblo”.

Subirse al carro. Al ostentarse como el triunfador inevitable, se estimula que por el deseo de estar con el ganador, los indecisos se unan sin mayor evaluación a quien parece ir adelante. También hay gente que se incomoda cuando se siente aislada de la opinión general, y en respuesta a esta situación, tiende a pensar o a hacer lo mismo que la mayoría.  Los actos tumultuosos, las declaraciones triunfalistas y la publicación de apoyos, encuestas y estimaciones que prevén la victoria, tratan de producir la “cargada”. “Ya ganamos”, “no desperdicies tu voto”, fueron frases repetidas en la campaña pasada. En las elecciones presidenciales de 2006, se ha desatado una guerra de encuestas por mostrar como ganadores a los dos más fuertes candidatos, con la mira, obviamente, de provocar la cargada de los indecisos (banwagon).

Miedo. Se dice a la gente que un desastre vendrá si no sigue un determinado curso de acción. Ante ese anuncio la atención ya no considera los méritos de lo que se propone. Mientras más temor genere una comunicación, es más probable que se provoque una acción preventiva. Durante las elecciones de 1994, el PRI sugería con el slogan “vota por la paz” que su derrota traería la guerra, dado el estallido de la rebelión del EZLN. En las elecciones de 2003, el PAN convocó a quitarle “el freno al cambio” o no se dará “el cambio que a ti te conviene”. En el 2004, el miedo fue el instrumento principal del presidente norteamericano Bush para luchar por su reelección. En la campaña presiodencial de 2006, el IFE, el organismo electoral, tuvo que prohibir el uso de la frase: “López Obrador es un peligro para México”, que trataba de fomentar el miedo al triunfo de ese candidato.

Gran mentira. Es una mentira de tal magnitud y audacia que por fuerza tiene un efecto en la opinión pública aun si la mayoría no la cree. Según Hitler el tamaño de la mentira es un factor definitivo para que sea creída por mentes primitivas y sencillas capaces de inventar mentiras pequeñas, pero que se avergonzarían de decir grandes mentiras, de modo que las grandes masas serán más fácilmente víctimas de una gran mentira que de una pequeña. Hoy en las campañas, las promesas exageradas, como el 7% de crecimiento en el 2000, el ofrecimiento de que serán creados millones de empleos, o el anuncio de grandes males que vendrán si gana o pierde determinado candidato, (como en 1994 un banquero advirtió que si perdía el PRI vendría el desastre económico), siguen la lógica de las grandes mentiras.

Renovación constante. Consiste en difundir información y datos nuevos rápida y constantemente para que cuando el adversario responda, el público ya esté ocupado en asimilar esta información y datos nuevos, de modo que la respuesta pase desapercibida y no pueda contradecir la información y datos iniciales.

Exageración Se trata de convertir cualquier hecho, actitud o declaración, por anodina que sea, en algo de consecuencias negativas graves para la población, sus instituciones o el país. Por ejemplo, la frase de “Cállate, chachalaca”, pronunciada por el candidato López Obrador en contra de la intromisión sistemática del presidente Fox en la campaña electoral a favor del candidato de su partido, se convirtió en una inaceptable falta de respeto a la investidura presidencial.

Desinformación y distorsión. Desinformar es presentar u omitir los hechos, de modo que se induzcan conclusiones equivocadas. Durante las campañas, la desinformación puede ser una táctica utilizada por los candidatos para atacarse o defenderse. En el primer caso, los hechos se manipulan para provocar la condena de los opositores; en el segundo, para justificar o aminorar la posible culpa o error de un candidato. La distorsión consiste en torcer o pervertir el significado verdadero de un hecho o idea con el propósito de provocar una falsa impresión acerca de los mismos. A partir del debate presidencial de 2006, en mayor o menor grado se han usado la exageración, la distorsión, las medias verdades y hasta las mentiras para acusar o defender a parientes y colaboradores cercanos de los principales candidatos presidenciales.

Los “spin doctors” tratan de contener, desviar o minimizar el escándalo al descubierto para ganar en la “corte de la opinión pública”.

Guerra de nervios. Es la presión psicológica mediante desinformación, noticias y rumores alarmistas, amenazas veladas, etc., para forzar una decisión o acción, sin que se llegue a la agresión física. En las elecciones, la guerra de nervios puede dirigirse a los candidatos o a la población en general. En el primer caso, rumores de agresiones preparadas durante un acto de campaña, de complots, etc.; en el segundo, creación de un ambiente de temor por hechos violentos que ocurrirán durante los comicios (para promover el abstencionismo) o rumores y noticias falsas acerca de la huida de capitales, de asonada militar, etc. para forzar el voto o disuadir a la gente de que apoye a algún candidato. Estas acciones nunca ocurren, pero cumplen un efecto intimidador.

La publicidad política actual

Con la derrota del régimen nazi, se acentuó el desprestigio de la propaganda pues se la consideró un método de perversión y de mentira. Su nombre se sustituyó por eufemismos como “publicidad política” o “comunicación política”, pero en la práctica la propaganda no desapareció.

Los grandes éxitos propagandísticos alemanes estuvieron apoyados en el monopolio de los medios masivos y en la censura férrea propios de una dictadura, pero hoy en la democracia el poder de la propaganda es mayor, pues dispone de vastos conocimientos que van desde la manera como se forma el pensamiento en el cerebro, la percepción y la

memoria, hasta las motivaciones más profundas de individuos y grupos, y desde luego, el comportamiento humano. Nunca antes, como consumidores y ahora como electores hemos estado sujetos a tanta investigación mediante encuestas, grupos de enfoque, cámaras de televisión, etc. Asimismo, con las computadoras, los resultados de esa investigación pueden someterse a procesamientos complejos y sus resultados obtenerse en tiempo real. Además, los medios de difusión de la propaganda se han multiplicado y ya nadie puede dejar de exponerse a ella. Hoy el propagandista puede conocer con profundidad y dinámicamente a su público objetivo, desarrollar y probar sus mensajes, enviarlos a sus destinatarios y evaluar sus efectos con mayor precisión y rapidez. Ni Goebbels imaginó talesposibilidades.

Los recursos de la propaganda son tan diversos que resulta imposible hacer una sistematización exhaustiva. Hugh Ranke clasifica las diversas técnicas según las etapas de la propaganda en las cuales inciden:

Atención: Técnicas que apelan a los sentidos (colores, etc.), emociones (familia, etc.) y pensamientos (demostraciones, etc.) para captarla.

Confianza: Técnicas que establecen la credibilidad de la fuente del mensaje (testimonios, etc.)

Deseo: Técnicas que estimulan el deseo de obtener lo “bueno” o evitar lo “malo” (etiquetas, etc.).

Urgencia: Técnicas que alientan a actuar y no perder la oportunidad (subirse al carro).

Respuesta: Técnicas que enfatizan qué hacer para no perder lo “bueno” o sufrir lo “malo” (voto útil, etc.).

Todavía se debate sobre los efectos de la propaganda, el hecho es que si se gastan miles de millones en propaganda comercial es porque vende y si en cada conflicto político o militar surgen acciones paralelas de propaganda a favor y en contra es porque dan resultados. Si el gasto en las campañas provoca escándalos como el “Pemexgate”, el “Foxgate” y los “videoescándolos” es porque se requieren vastos recursos para producir y difundir propaganda, y porque una eficaz propaganda puede dar los votos de la victoria cuando los partidos son débiles, la elección es muy competida y el electorado pasivo o desinformado.

En México, hoy los partidos políticos confían más su victoria a la propaganda que a sus ideologías, programas y candidatos, por eso, a pesar de la pobreza imperante, no dudan en emplear y despilfar cuantiosos recursos públicos y privados, legales y de oscuro origen, en costosos spots televisivos y toda clase de propaganda que saturan al elector desinformado y que aunque no son eficaces para estimular la votación y vigorizar nuestra democracia, si consiguen los votos suficientes para obtener una exigua mayoría relativa que les dé el triunfo. Lo que parece importarles es ganar a cualquier costo y la manera más obvia de asegurar la victoria es la propaganda apabullante.

El problema para la democracia es que el poder de la propaganda aumenta a medida que crece el flujo de mensajes persuasivos a que estamos sujetos (más de 1,000 diarios), lo que nos obliga a tomar “atajos mentales” (decidir con un mínimo de información sin gran reflexión) que son aprovechados por los propagandistas para provocar emociones, explotar inseguridades y temores, capitalizar la ambigüedad del lenguaje y torcer la lógica.

Autor: Mario Martínez Silva. Investigador del INEP.

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Psicología Política

INTRODUCCIÓN A LA PSICOLOGÍA POLÍTICA

SÍNTESIS

La verdadera batalla política se lleva a cabo en la mente de los electores a través de las estrategias de imagen y comunicación. Un adecuado conocimiento del funcionamiento de la mente humana y su aplicación a las estrategias electorales permite una mayor eficacia en el impacto que dichas estrategias tienen sobre el potencial elector.

Esta breve reseña representa un introducción destinada a dar a conocer cómo la psicología permite fortalecer las estrategias de imagen y comunicación dentro de la campaña político-electoral, permitiendo a los candidatos hacerse tanto de la razón como de la emoción de los ciudadanos que habrán de votar en las elecciones.

Objetivos de la psicología política

  • General:

Diseñar estrategias (psicológicamente sustentadas) de imagen y comunicación que, de forma eficaz, impacten en la razón y la emoción de los electores, promoviendo la participación y preferencia política.

  • Particulares:

Conocer al elector en su plano racional y emocional, tanto en su funcionamiento individual como cuando forma parte de un grupo.

Determinar los factores, tanto racionales como emocionales, que influyen en la intención de voto.

Determinar las dinámicas que, desde lo racional y emocional, puedan dificultar o promover la preferencia electoral.

  • Específico:

Emplear diversas metodologías de investigación que permitan obtener datos prácticos y aplicables.

¿Cómo definimos la psicología política?

La psicología política es la aplicación de diversas técnicas de investigación e interpretación psicológica para conocer, describir, explicar y predecir el comportamiento político humano y así, sustentado en estos conocimientos, diseñar las estrategias mediáticas (en conjunto con el equipo de imagen, comunicación y mercadotecnia) a utilizar en la búsqueda de ganar el puesto de elección popular por el que se compite.

La psicología es utilizada, dentro de la política, como herramienta para la toma de decisiones y el diseño de estrategias, tanto en la campaña como en el propio ejercicio de gobierno.

Razón de ser de la psicología política

La psicología se dedica, principalmente, a estudiar el comportamiento humano en sus diversas manifestaciones.

Por su parte, las acciones políticas pueden definirse como el conjunto de estrategias y actos dirigidos a influir de forma directa y legal sobre los procesos de decisión y preferencia electoral de los ciudadanos.

La psicología, entonces, constituye una herramienta invaluable tanto para comprender el comportamiento del electorado como para planificar las estrategias y los actos del candidato y su equipo de campaña, de manera que ambos estén en la misma frecuencia y las estrategias de campaña resulten contundentes y efectivas para los fines que toda campaña política persigue.

  • ¿Dónde se ha utilizado?

Sin ir más lejos, la exitosa campaña del ahora presidente de Estados Unidos, Barack Obama, utilizó adecuadamente la amplia gama de herramientas que la psicología puede aportar al campo de la política. Es innegable que la elección de Obama fue todo un fenómeno social. Su fuerza radica, además de en las propuestas a nivel racional, en que logró contactar con las emociones de las personas, con sus anhelos, con sus necesidades, y permitió que las personas se identificaran con él, con lo que él representa y con sus ideales. Logró así conquistar a una sociedad fuertemente racista, y trabaja, actualmente, por sostener esta simpatía, esta aceptación, a partir de ser congruente con las expectativas que generó en la sociedad.

  • ¿Por qué es necesaria?

Porque el conocimiento del funcionamiento mental de los ciudadanos como potenciales electores permite crear  una campaña y una imagen del candidato, sólidas y congruentes con las necesidades de los ciudadanos, que no únicamente generen emoción y atención temporal del electorado, sino que se mantengan presente, sin decaer con los vaivenes propios de la política y sus reacciones mediáticas. Una imagen que genere en el elector expectativas de nuevos horizontes de bienestar para sí y para su Estado en general.

Ciertamente, una buena imagen mediática se construye con un buen equipo de políticos y comunicólogos especializados en imagen pública; sin embargo, el conocimiento de la psicología del ciudadano es fundamental para que dicha imagen perdure con el tiempo y evitar que sufra una caída. Es entonces que la psicología aporta al equipo de comunicación elementos significativos a la imagen de una carrera política prominente y llena de nuevos retos con cada paso dado. En otras palabras, las estrategias de comunicación, imagen y publicidad son más efectivas cuando se apoyan en elementos que sobre la mente y las emociones de las personas arroja la psicología.

  • ¿Cuáles son los beneficios potenciales?

Las campañas políticas son los momentos de mayor labor para ganar la simpatía de ciudadanos expectantes e indecisos; cada acción del candidato es observada por todos y cada uno de los ciudadanos que, llegado el momento, habrán de decidir apoyar o no a determinado candidato con su voto. En este sentido el proyecto de campaña debe incluir siempre elementos que mantengan como aliados la mente y el corazón de los potenciales electores. Es decir, saber qué es lo que permitirá llegarle tanto a su razón como a sus emociones, ya que de un adecuado equilibrio entre ambas depende en gran medida, la lealtad, fidelidad y aceptación de un candidato.

Una campaña electoral no se gana en los medios de comunicación ni en la calle, sino en la mente del elector que recibe los mensajes de la campaña, los analiza, los interpreta, etc. El problema es que generalmente quienes dirigen la campaña suelen desconocer el funcionamiento profundo de la mente humana y sus procesos de toma de decisiones, lo que mueve sus emociones, lo que llega a su razón y lo que lo mantiene en una preferencia electoral determinada.

Es entonces que el uso de la psicología en la planificación y aplicación de las diversas estrategias de imagen, comunicación y publicidad,  puede hacer que las campañas electorales sean más precisas y efectivas.

Por otro lado, el estrés al que el candidato y su equipo de campaña están sometidos durante la contienda política puede dañar, por un lado, la efectividad del propio equipo de trabajo y sus estrategias y, por otro, la propia salud del candidato y su vida personal en cuanto a sus relaciones familiares. Es en este sentido que el apoyo de un psicólogo en el equipo de campaña adquiere otra dimensión además de su rol estratégico, como elemento mediador entre la realidad del contexto político y su constante lucha, las repercusiones que dicha realidad tienen dentro del equipo de campaña, el estrés que todo esto genera y los efectos que dicho ritmo de vida puede tener sobre la vida personal del candidato y de su familia. Llevado a extremos, el mal manejo de estos factores puede incluso determinar el fracaso de una campaña, mientras que un buen manejo, por el contrario, es un factor significativo en el buen curso y éxito de la misma. Lo ideal será siempre prevenir, antes que tener que remediar.

¿Cómo funciona?

La aplicación de la psicología en una campaña política requiere, como toda herramienta estratégica y de decisión, del análisis del contexto, las necesidades, fortalezas y áreas de oportunidad, tanto del candidato como de la sociedad a la que dirigirá su campaña. Una vez conocida esta información, se diseñan las estrategias motivacionales que, desde la psicología, permitirán que los mensajes y la imagen del candidato lleguen a esas áreas de oportunidad y necesidades de la ciudadanía, posicionando al candidato como una opción en su búsqueda de satisfacer dichas necesidades.

Este posicionamiento requiere de elementos, dentro de los mensajes de campaña, que permitan la identificación del electorado con el candidato y sus ideas.

A través de todo el proceso de campaña se habrá de ir sondeando la respuesta que los ciudadanos van teniendo a cada una de las estrategias implementadas y se monitorearán las nuevas necesidades generadas por los cambios económicos y sociales, así como por los efectos de las campañas electorales de los otros contendientes.

La labor del psicólogo es una labor de acompañamiento y sondeo constante al interior y al exterior del equipo de campaña, buscando siempre adelantarse a las necesidades y tendencias de los ciudadanos y promoviendo, al interior del equipo, la congruencia necesaria para que la imagen creada durante la campaña corresponda con la del gobernante -en caso de resultar ganador- y su aceptación entre la ciudadanía permanezca, a través de los factores de identificación desarrollados durante la campaña, tanto a nivel racional, como a nivel emocional.

Un buen manejo de las estrategias planteadas aumenta la eficacia de las campañas políticas y por lo tanto aumenta las posibilidades de un triunfo, a la vez que, de ganar la elección, la continuidad de del sustento psicológico en el proyecto de gobierno disminuye el efecto negativo de la desidealización normal que viene después de una campaña, cuando la realidad se impone a las promesas y dota a la figura del gobernante de una mayor estabilidad en la aceptación y el apoyo de quienes votaron por él, y también de aquellos que no lo hicieron.

Conclusión

La psicología tiene mucho que aportar a una campaña política y, su inclusión, puede hacer la diferencia, entre una campaña ganadora y una que no lo es.

Marisol Zimbrón

Psicoanalista

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Cine y Política

A mí me gusta el cine político. Creo que no descubro un mundo, pero es evidente que disfruto con una buena película de este género, ya sea ficción o recreación de la realidad. De hecho, prefiero las primeras. La razón es muy sencilla: cuando un guionista o un director plasma la realidad política en un film de ficción política, nos da mucha información del modo en qué escenificamos la política, el poder y la comunicación política en el día a día.

He aquí una selección de películas imprescindibles para los amantes de la política y la comunicación política.

  • El Presidente y Miss Wade: creación de Aaron Sorkin que es el embrión de The West Wing. Un presidente demócrata viudo se enamora de una activista ecologista en el ecuador del mandato. Turbulencias políticas en Washington y un fiel reflejo de la presidencia americana. Y ver al presidente Bartlett ser jefe de gabinete no tiene precio.
  • In the loop: las vicisitudes del aparato de comunicación del gobierno británico. Un ministro bocazas y unos aliados norteamericanos deseosos de buscar el mejor adjetivo para una guerra en Irak. Ironía fina. Divertida y sorprendente.
  • Dr. Strangelove or: How I learned to stop worrying and love the bomb: un clásico del cine y una visión un tanto característica de la Guerra Fría. Una película tan imprescindible, que hasta se muestra en la Universidad… ¡mítico teléfono rojo!
  • JFK: la recreación de Oliver Stone del asesinato del presidente Kennedy y el juicio tras el magnicidio. Kevin Costner se sale en este clásico de los noventa.
  • La vida de los otros: el principio del fin del régimen comunista en la Alemania del Este se refleja en esta película. Los creadores y los artistas, la libertad y la fidelidad al partido: la tensión que te mantiene alerta y sorprendido en toda la película. La Stasi en estado puro.
  • Ciudadano Kane: suele aparecer en los rankings. No ya los de películas políticas, sino en el de mejores películas de la historia. Welles nos muestra a un hombre poderoso. Con todo lo que eso conlleva.
  • Todos los hombres del presidente: la historia de la investigación que llevó a Nixon a dimitir, con cuatro Oscar a sus espaldas.
  • Nixon: Oliver Stone siguió reflejando las biografías de los presidentes americanos con este film dedicado al primer y único presidente dimisionario de Estados Unidos. Anthony Hopkins se sale.
  • Primary Colors: John Travolta y la historia de unas elecciones primarias. El voto hasta el último minuto. Inspirado en el matrimonio Clinton, con esa mezcla de política y faldas.
  • Kamchatka: la dictadura argentina y una infancia que se trunca, desvanece, desaparece. La ansiedad del escondite, de huir. De empezar de nuevo por un mundo que ya no existe.
  • 28 semanas después: secuela de “28 días después”. Un virus ha devastado el Reino Unido y empieza la repoblación del centro de Londres bajo mandato de la OTAN. Decisiones difíciles. El ser humano, la organización de la sociedad en estado puro.
  • Invictus: ya tuvo su protagonismo en este blog en su momento. El libro de John Carlin llevado al cine, el relato del esfuerzo de Nelson Mandela por hacer del rugby el instrumento para unificar un país.
  • Wag the dog: cartel de lujo, con Dustin Hoffman, Robert de Niro y Anne Heche. Una película rápida, muy rápida. Pero buena. Muy buena.
  • L’Auberge Espagnol: uno de los programas de la Unión Europea –de la Comisión, para ser exactos- más exitosos, el Erasmus, tiene su película. Europeos en Barcelona comparten experiencias, orgasmus, preocupaciones… y una manera de entender Europa que compartimos todos los Erasmus.
  • Good bye Lenin: ¿y si despertaras de un coma y tu país hubiese cambiado de régimen? Divertida, sensible e interesante película.
  • The Queen: impresionante Helen Mirren y excelente narración de la semana que cambió el reinado de Isabel II. Interesante papel para Blair en la película, con recreaciones de momentos clave de la política británica del fin de siglo.
  • Aprile: Nanni Moretti cuenta pedazos de su vida que coinciden con el ascenso de la izquierda al poder en los 90 tras décadas de democracia cristiana.
  • La pelota vasca: el documental de Julio Medem no dejó a nadie indiferente. Trató un tema tabú y dio voz a un variopinto espectro político e ideológico. Una realización magnífica y una visión de Euskadi imperdible.
  • Salvador: la historia de Salvador Puig Antich, uno de los últimos ejecutados del franquismo, llevada a la gran pantalla.
  • La Ola: ¿y si un experimento para explicar qué es el fascismo deriva en una ola fanática peligrosa
  • ¿Qué películas políticas marcarías tu como imprescindibles?

    Albert Medrán

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    EEUU: campañas electorales en universos paralelos

    Cuando John Zogby concluyó su artículo de opinión para el diario, seguramente intuyó que volvería a despertar polémica tanto a nivel político como periodístico y también académico.
    La nota se tituló ‘The Unifying Spirit of Jefferson Must Prevail’ , y fue publicada en la página 15 del Financial Times el pasado 1º de noviembre de 2004.

    La voz del gurú

    John Zogby es uno de los politólogos estrella de los Estados Unidos.
    Su figura es conocida en todas las cadenas televisivas nacionales. Un segmento importante de la teleaudiencia ya hace años que está habituada a este gurú de pelo grisáceo, amplia frente y lentes. También los lectores de los principales periódicos siguen con atención sus análisis.

    Zogby encabeza una investigadora de opinión pública que tiene entre sus clientes, por ejemplo, a Naciones Unidas, Phillip Morris, Microsoft, Chrysler, Reuters, USA Today, Fox Television y una asombrosa serie de bancos, medios de comunicación, instituciones educativas y sanitarias, organismos oficiales y organizaciones no gubernamentales. Y además tiene una vasta experiencia internacional en Asia, Oriente Medio, Africa, Europa y América Latina.

    Sus informes, sus artículos, sus libros y sus declaraciones públicas son siempre escuchados como la voz del gurú. Y en su respaldo, además de la inteligencia de sus análisis, está la llamativa precisión de los datos cuantitativos de sus encuestas.

    La nación roja y la nación azul

    El artículo de Zogby en el Financial Times analiza el mapa electoral surgido en los Estados Unidos luego de la victoria de Bush sobre Gore en el año 2000.
    De acuerdo a los colores identificatorios de cada partido, Zogby llama “red states” (estados rojos) a aquellos donde ganó el Partido Republicano y “blue states” (estados azules) a los que tuvieron como ganador al Partido Demócrata. Y estudia cuales son las diferencias entre ellos en otros campos diversos a la política.

    Una de esas diferencias, por cierto que muy significativa, tiene que ver con la imagen de Dios que tienen los ciudadanos.
    Para los habitantes de los estados rojos, Dios es una figura enérgica que castiga al diablo. Pero para los habitantes de los estados azules, Dios es una figura amorosa y tolerante.
    No es un dato menor, por cierto, considerando el peso de lo religioso en la vida de los norteamericanos.

    De aquí surge la interrogante respecto a si los votantes no tendrán percepciones similares en materia política, en especial respecto a cómo visualizan que debe ser un gobierno.
    Red and Blue States Si esto fuera así, entonces en los estados rojos predominaría una visión del gobierno como entidad firme y enérgica, ocupada de mantener las normas, establecer los límites y castigar lo que está mal. Un gobierno que no dude en usar la fuerza militar contra el enemigo, que ponga los valores en su versión más estricta en primer plano de la discusión y que incluso llegue a hablar del “eje del mal”.
    Y si esto fuera así, entonces en los estados azules predominaría una visión del gobierno como una entidad tolerante y benevolente, preocupada por promover la cooperación, el bienestar de la gente y la satisfacción de sus necesidades. Un gobierno más volcado hacia la paz, el cuidado de las formas y el desarrollo de políticas sociales en beneficio de los más débiles.

    En dos palabras: republicanos y demócratas.

    Si observamos el mapa con detenimiento, podemos encontrar otras diferencias.

    Los estados de mayoría demócrata tienden a concentrarse sobre la costa y a ser los más urbanizados y densamente poblados, mientras que los estados de predominio republicano tienden a ubicarse en el interior y a ser más rurales y de menor concentración de población.
    De estas características seguramente se derivan otros comportamientos psicosociales bastante congruentes con el posicionamiento político y religioso de sus habitantes.

    El artículo de Zogby en el Financial Times es una buena plataforma, polémica por cierto, para analizar el comportamiento electoral de los norteamericanos.

    Dos universos paralelos

    Podemos decir que, desde el punto de vista político y psicosocial, los Estados Unidos son dos países, dos universos que coexisten en un mismo territorio pero con pautas absolutamente divergentes.
    Esto tiene una muy profunda significación a la hora de planificar y ejecutar una campaña electoral. La misma no puede ser una campaña “catch all”, apuntada a un inexistente público general o a un igualmente inexistente “americano medio”.

    Por el contrario: debe ser una campaña altamente segmentada, focalizada con fanática precisión en el universo que a cada partido corresponde.

    Y allí está el gran aporte de Karl Rove, estratega republicano y cerebro de las campañas electorales de George W. Bush: focalización casi violenta en su público objetivo, en “su” país.
    Rove supo entender (en el 2000 y también en el 2004) a ese país republicano. Y toda su campaña apuntó a brindar los estímulos necesarios para que ese país respondiera.

    ¿Cuales fueron los temas de la campaña de Bush?
    El terrorismo, la necesidad de castigarlo y prevenirlo utilizando la fuerza militar, el patriotismo exhaltado de una nación atacada, los valores de la familia tradicional amenazados por el movimiento gay o por el aborto, la agresiva defensa de los valores morales más conservadores, la opción por liderazgos fuertes y enérgicos, la presentación de Bush como el jefe de un país en guerra. Y junto con ésto el duro ataque a un adversario como Kerry, presentado como débil, ambiguo, irresoluto y cambiante (y por ende peligroso para el país).
    Toda la campaña diseñada por Rove dejó deliberadamente de lado al país azul y se concentró en el país rojo.

    La campaña de John Kerry, mientras tanto, no tuvo el grado de focalización adecuado sobre su propio universo. Por el contrario, su énfasis en el tema Irak fue una debilidad permanente. Aún considerando los errores y hasta las tragedias de la guerra, e incluso si consideramos que ha sido mal conducida por Bush, en cualquiera de los casos no deja de ser lo que es: una guerra.
    Y poner la guerra en el centro de la campaña significa entrar en los temas donde los republicanos son fuertes y ganan: seguridad, fuerza, patriotismo, liderazgo, jerarquías…
    Los demócratas no confiaron en sus propios temas y no apuntaron en exclusiva y con fuerza a su propio público. En pocas palabras: los demócratas hablaron demasiado para un público más proclive a los republicanos. Y como es razonable para una campaña mal hecha, perdieron.

    Lo que va del 2000 al 2004

    Al principio me refería a las elecciones ganadas por Bush en el 2000, para desembocar luego en su nuevo triunfo 2004.

    De hecho, en el 2000 el triunfo de Bush fue ajustado y muy discutido. Y aunque ganó la Presidencia en virtud de la legislación norteamericana, a pesar de ello había perdido en el voto popular.

    En aquel momento el Partido Republicano había trabajado con prolijidad al electorado del país rojo. Pero el Partido Demócrata había cometido un grueso error en el diseño estratégico de su campaña: había tomado distancia del Presidente Clinton, lo cual es lo mismo que decir que había tomado distancia del país azul.
    ¿Recuerdan? Tras el escándalo Lewinsky, los estrategas demócratas creyeron que Clinton era mala palabra. Y lo era, pero básicamente para los sectores más conservadores de la sociedad. Para los “azules”, en cambio, estaban en primer plano los logros económicos. Y los aspectos morales los evaluaban con mayor flexibilidad. Para prueba de ello basta ver las encuestas pre y post electorales, las que demostraron que Clinton seguía manteniendo su carisma y su imagen.
    Sin embargo el candidato Al Gore hizo todo lo contrario de lo que debía hacer: separó su imagen de la del Presidente, y por supuesto que perdió. Aunque lo tenía todo para ganar.

    Pero en el 2004 Bush ganó de forma inapelable y por una muy apreciable ventaja. Obtuvo casi 60 millones de votos, superando a su rival en 3 millones y medio de sufragios y convirtiéndose en el Presidente norteamericano elegido con mayor apoyo popular en toda la historia.Mapa electoral 2004
    También se produjo un récord de asistencia a las urnas, el cual se ubica en el entorno del 60 %. Debe recordarse que la votación no es obligatoria y que implica un acto previo de inscripción por parte de cada ciudadano interesado en votar.

    Sin embargo, y a pesar de que Bush amplió notoriamente su ventaja, la estructura de estados rojos y estados azules se mantuvo casi idéntica a la del año 2000.

    ¿Qué pasó de una elección a otra?

    Ya explicamos que el Partido Republicano profundizó su impecable estrategia de persuasión de su propio universo, mientras el Partido Demócrata no hizo lo propio con el suyo.

    Pero además, para colmo, ocurrió el 11S con toda su secuela: guerra contra el terrorismo, guerra en Afganistán, guerra en Irak, sucesivas alarmas ante presuntos nuevos ataques en territorio norteamericano…Este contexto crítico acentuó los rasgos del electorado mayoritario de los red states: temor ante las amenazas, agudización de los estereotipos, menor espacio para la apertura y la flexibilidad, reflejos autoritarios, mayor necesidad psicológica de líderes fuertes, mayor apego a los valores tradicionales y tendencia a sobresimplificar la realidad.
    En definitiva, se trataba de un contexto óptimo para la estrategia republicana.

    ¿Qué podían significar para ese público la ironía y la crítica de los intelectuales neoyorkinos, de los actores y cineastas de Hollywood, de los universitarios de todo el país, de los periodistas y los escritores, de los músicos y de todo el pensamiento liberal? ¿Qué podía significar una película como la de Michael Moore, atacando al Presidente justamente en el tema del terrorismo islámico?
    Para ese público al que me refiero, nada de eso significaba demasiado ante todo lo crucial que sentían estaba en juego en sus vidas. Por el contrario, el sentido con que percibían toda la ofensiva anti Bush era seguramente negativo.

    Mensaje para el país azul

    Recordemos un detalle nuevamente: el voto no es obligatorio en los Estados Unidos. Por lo tanto hay que movilizar el voto. No alcanza con generar un cierto clima de opinión pública, sino que hay que impulsar a la gente a actuar.

    Los republicanos fueron eficientes. Llegaron a lo más profundo de la sensibilidad del país rojo. Conmovieron, conmocionaron.
    En cambio los demócratas se regodearon en un tema imposible, un tema donde todas las de ganar las tenía Bush: la guerra. Por más sólida que fuera la posición demócrata en este tema, y por más débil que fuera la posición republicana, el solo hecho de que fuera uno de los principales temas de campaña ya era un éxito del Presidente.

    ¿Podía el Partido Demócrata haber hecho otra cosa? Visto el contexto internacional del momento (Irak, Bin Laden, terrorismo…), ¿sería posible forzar la campaña y colocar otro tema más prometedor en el centro de la agenda?
    Los grandes temas del país azul son la economía, la sociedad, la educación, la salud…No podemos saber si era posible o no convertirlos en grandes ejes de la campaña. Lo que sí es meridianamente claro es que la campaña de Kerry no focalizó sus mensajes en estas áreas temáticas.
    Y una elección se comienza a perder cuando se ingresa en los temas del adversario y se pierde espacio para los temas propios.

    Una campaña electoral debe ser como una línea recta, como una monografía.

    El propio Partido Demócrata lo había demostrado en los años 90, en una experiencia que vale la pena recordar y tener muy en cuenta.

    Los gobiernos republicanos de Reagan y de Bush (padre) habían protagonizado uno de los mayores éxitos de la política norteamericana: la caída del comunismo y la implosión histórica de la Unión Soviética y de sus aliados. Estados Unidos quedaba como la única gran potencia mundial, tanto a nivel económico como militar. Se abría lo que para muchos había sido el sueño casi utópico de la pax americana: un mundo unipolar regido por esa única potencia mundial con sede en Washington. Y todo podía resumirse en una única imagen plena de sentidos, tan potente como ninguna. Esa imagen omnipresente era la caída del gran ícono, la caída del Muro de Berlín.
    Sin embargo, pese a esta conquista histórica, el Partido Republicano perdió la Presidencia.

    En las elecciones presidenciales de 1992, James Carville era el asesor y estratega de los demócratas.
    Carville es otro gurú norteamericano de impresionante trayectoria, que ha asesorado a figuras como el Primer Ministro inglés Tony Blair, el Presidente de Brasil Fernando Henrique Cardoso, el Canciller alemán Gerhard Schroeder, el Primer Ministro griego Constantin Mitsotakis, el Primer Ministro israelí Ehud Barak, el Presidente sudafricano Nelson Mandela y muchos más.

    En el War Room del bunker demócrata, James Carville colocó un cartel con una frase, una simple frase que decía

    “¡It’s the economy, stupid!”

    Claro que no era solo una frase. Era la línea estratégica de la campaña. Era el santo y seña para ganar la elección. Y asesorado por Carville, el Partido Demócrata focalizó sus mensajes en la marcha de la economía. Sin irse por las ramas, sin perder el rumbo, sin entrar en los temas del adversario. La economía y solo la economía, allí estaba la elección. Había que insistir obsesiva y disciplinadamente en ese frente de batalla. Y el Partido Demócrata logró que ese fuera el tema de la campaña, y no la caída del comunismo.
    Y William Clinton ganó y fue Presidente.

    La pregunta sigue siendo la misma que hacíamos más arriba. ¿Pudo pasar lo mismo en las elecciones 2004? Tal vez, por lo menos, el Partido Demócrata tendría que haberlo intentado.

    La táctica y la estrategia

    Una reflexión final.

    Las campañas electorales ganadoras tienen un fuerte diseño estratégico.
    El mismo surge de un estudio pormenorizado del electorado, en particular de su psicología política y del contexto político y psicosocial. A partir de allí se toman las definiciones estratégicas básicas, unos pocos lineamientos centrales que van a articular el conjunto de la campaña. De estos ejes estratégicos depende buena parte del éxito o del fracaso.

    Luego vienen los pasos tácticos, las acciones concretas de carácter cotidiano.
    Este plano de la táctica debe traducir, a cada paso, los lineamientos estratégicos. Y debe hacerlo en forma minuciosa, disciplinada y precisa.

    En las elecciones del año 2004 en los Estados Unidos, el Partido Republicano tomó decisiones estratégicas acertadas. Segmentó el electorado y se concentró en ese segmento. Lo trabajó intensa y coherentemente. Y ganó. Toda una lección de estrategia de campaña electoral.

    Daniel Eskibel
    Consultor político
    Especialista en Psicología Política

    Categorías:Uncategorized

    Discurso de Felipe Calderón ante el Congreso de los Estados Unidos

    Primer debate electoral en Reino Unido

    Por primera vez en la historia del Reino Unido, el 15 de abril del 2010, los líderes de los principales partidos se enfrentaron a un debate electoral televisado. Brown (primer ministro del partido Laborista), David Cameron (líder de los Conservadores) y Nick Clegg (líder de los liberal demócratas) se enfrentaron a un vigoroso debate durante 90 minutos. Economía, corrupción, sanidad, política exterior… temas propuestos por ciudadanos e infinidad de detalles que mercen ser analizados.

    Dejo algunos vídeos mas para analizar los formatos de los debates políticos televisados en distintas partes del mundo.

    La Granja

    La realidad social y política de un sistema de gobierno se ha explicado a lo largo de la historia a través  del cuento, la novela, la fabula, la pintura, la poesía, el ensayo, la música, etc. Un ejemplo de ello es el libro de George Orwell llamado “Rebelión en la Granja” en donde se refleja como se va estructurando un régimen autoritario a partir de una analogía con los animales de la Granja Manor.

    En México se tiene una fuerte tradición oral, lo que ha permitido que acontecimientos sociales, políticos e históricos perduren en la memoria colectiva de un pueblo por décadas, tal es el caso de los corridos de la Revolución Mexicana, las canciones de protesta de 1968, entre otros. La canción de La Granja de los Tigres del Norte fue escrita por Teodoro Bello, y en ella se aprecia un reflejo de la problemática política y social que enfrenta México respecto al narcotráfico.

    Para nuestros lectores de otros países proporcionamos algunas claves para comprender mejor el significado de la canción.

    La Granja: México

    La perra: El narcotráfico (como fenómeno social)

    Abuelito: el Partido Revolucionario Institucional -PRI-

    El zorro: Vicente Fox Quesada (ex-presidente de México)

    Los puerquitos: Los legisladores (Diputados y Senadores)

    Maíz: Dinero

    Granjero: El Pueblo

    Gavilán: Juan Camilo Muriño (ex- Secretario de Gobernación) se cayó su avión en el que viajaba el 4 de noviembre 2008.

    Pollitos: Medios de comunicación

    El conejo: El narcotraficante

    Alfalfa: La droga, especialmente el Cannabis

    Gran cerco: muro que corre entre la frontera México-Estados Unidos